Por CanaldelaMona 03 de octubre de 2026 2 min de lectura
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OTEANDO
EMERSON SORIANO
Soy de los que admite -cuestión expresada en muchos de mis artículos- que todos tenemos una cuota de responsabilidad en la exclusión social productora del delito. Pero no siempre se trata de una responsabilidad por acción, sino que la mayoría de las veces lo es por omisión: Es verdad que siempre ha habido funcionarios corruptos que se roban el dinero que representa la oportunidad del bienestar ajeno, esos tienen una responsabilidad por su acción directa. Pero ¿no es también verdad que la inmensa mayoría de funcionarios que deja de cumplir con sus deberes institucionales tiene idéntica responsabilidad? ¿Y los ciudadanos comunes, todos, cuando callan, cuando evaden contribuir al fisco, cuando hacen trampas al país, no son culpables del desorden que nos impide organizarnos y establecer una sociedad más justa?
La cuestión -he insistido- no es solo culpa de este Gobierno ni de los anteriores, tampoco es privativa de nuestro país ni de nuestra época. Está en la naturaleza humana. Y como muestra de que no estamos tratando con un problema de nuestro tiempo, transcribiré algunos párrafos de lo que ya nos decía Dostoievski -el más celebrado de los escritores rusos y uno de los mejores de todos los tiempos- sobre el tema: [… Pero… Hay una cosa que no deja de inquietarme: ¿por qué nuestro pueblo de pronto ha empezado a tenerle tanto miedo al sufrimiento? “Es muy doloroso -dicen- condenar a un hombre.” “Bueno, pues guárdese su dolor. La verdad está por encima de su dolor”]. Y continúa diciendo: [… si nos ponemos a considerar que nosotros mismos, a veces, somos peores que el criminal, reconocemos implícitamente que tenemos la mitad de la culpa de su crimen.”].
Al establecer Dostoievski esa tensión entre moral cristiana y medio condicionante habla de un fenómeno que se produce en 1873 y cuyo eco nos llega hasta hoy, y es que la delincuencia ha tenido siempre las mismas causas: la exclusión social. El maestro, haciendo acopio del punto de vista cristiano termina sugiriendo que hay que establecer el límite donde termina la influencia del medio condicionante y comienza el deber del hombre. Yo le compro su postura, pero insistiré en que también en relación con el Estado hay que establecer este límite: se le podría reclamar que está condicionado por los males estructurales, pero igual debe cumplir con el deber que le otorgue calidad y legitimación para punir. Señores miembros de nuestro Estado de hoy, empiecen a ganar esa legitimación, no roben; y denuncien y persigan con presteza a los funcionarios que roban.