Por CanaldelaMona 07 de junio de 2026 2 min de lectura
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Oteando
Emerson Soriano
Soy católico por adhesión, evito cuestionar el fenómeno eclesiástico en su mínima ontología. Solo sé que disfruto mi catolicismo y me mantengo asido al encanto y satisfacción que me producen su historia y su realidad actual, manejando con asertividad el escozor ajeno que ello produce. Pero, lo anterior no obsta que ejercite mi humana racionalidad y advierta la existencia de mitos bíblicos fundacionales importados de otras culturas.
Aclarado esto y apropósito de un ameno acercamiento dialéctico que tuve con el gentil diputado Abelardo Rutinel sobre tales temas, en el marco del cual hubimos de tocar el ensayo Borgiano “Las tres versiones de Judas”, luego de salir de donde nos conocimos, ya en la tarde -siempre en la tarde-, “el búho de Minerva” levantó su vuelo, ocurriéndoseme cierta suerte de contrafactualidad. Empero, anticipo a mis lectores que su contenido será laxo -hilarante, sería mejor término- distinto de otros enfoques de profundo calado filosófico y sostenido aporte historiográfico.
La muerte de Judas no es la consecuencia de un proceso judicial (acusación, juicio y sentencia) ocurrido en el seno del Sanedrín, órgano judicial supremo de la época que, por demás, carecía de acusador sistémico: fue castigo autoinfligido producto de su arrepentimiento por haber vendido al maestro -si bien otros enfoques apuntan una instrumentación del cumplimiento del plan de redención, para el que devino auténtico clarividente y autocomplacido pretexto-. Pero bien, lo real es que Judas está muerto, y bien muerto. Nada ya se puede hacer por él. Con todo, se me ocurre que, si el pobre, hubiera contado con la existencia -quizás sería mejor decir la asistencia- de los famosos representantes de nuestro Ministerio Público de hoy, acaso no fuera el villano, sino el pobre de Jesús, absuelto también al final, pero eso sí, desacreditado.
Hubiera bastado con que la intención fuera fastidiar a Jesús para que “el sacratísimo” testimonio de Judas invirtiera los roles: a Judas le hubiesen admitido tres monedas de devolución y dejado veintisiete, solo a cambio de que dijera que todo fue planeado por Jesús (al igual que hicieron Pagán, Mimilo y otros). El caso habría sido declarado complejo y a Jesús lo hubiesen mandado a Najayo un año, para luego no poder probarle nada (como ha sucedido ya en al menos siete casos aquí) y, al final, todos estuvieran libres y lucrado el Sanedrín, consagrándose, merced a una psedoeficacia, como los paladines de la justicia, pero a expensas de la imagen de un Gobierno posiblemente ajeno a ese despropósito. ¡JUDAS, PUDISTE HABERTE SALVADO DE ESA CON SOLO HABER NACIDO AQUÍ!