La inolvidable mata de álamo del parque de Miches: donde nuestra infancia aprendió a volar

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La inolvidable mata de álamo del parque de Miches: donde nuestra infancia aprendió a volar

Por CanaldelaMona 10 de octubre de 2026 2 min de lectura

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ROMPEOLAS 

ROBERT LINAREZ

Hay árboles que dan frutos, otros que dan sombra y algunos que nos regalan una infancia entera. Recuerdo en mi niñez en Miches existió uno que permanece sembrado en mis recuerdos: la majestuosa mata de álamo del parque municipal Juan Pablo Duarte. Su inmenso tronco, sus interminables ramas y su extraordinario verdor cubrían gran parte del parque. Para nosotros, los muchachos de aquella época, no era simplemente un árbol, sino nuestro principal centro de diversiones, donde nacieron amistades, aventuras y recuerdos que el tiempo jamás podrá borrar.

Allí jugábamos al topao, corríamos entre las ramas y competíamos por alcanzar las alturas. Los más atrevidos llegaban hasta el mismísimo cogollito, mientras otros improvisábamos columpios y hamacas con sogas amarradas a sus enormes ganchas. Aquellas travesuras no estaban exentas de peligro: algunos compañeros sufrieron fracturas en brazos y pies. Nuestros padres desaprobaban semejantes aventuras y muchos desconocían hasta dónde llegaba nuestra osadía. Sin embargo, aquella mata seguía siendo el lugar más concurrido y deseado por todos nosotros.

Fue también nuestra primera escuela para aprender a gabiarnos en los árboles. Una vez dominadas sus ramas, estábamos preparados para conquistar las matas de mango y alcanzar aquellos frutos tan deseados y sabrosos. Pero el álamo tenía otro encanto: con sus frutos fabricábamos carritos artesanales, utilizando nuestra imaginación para construir juguetes que nos proporcionaban una felicidad inmensa. No necesitábamos tecnología ni juguetes costosos; nos bastaban la creatividad, los amigos y las ganas de divertirnos.

Hoy comprendo que aquella mata representaba mucho más que un árbol frondoso. Era nuestro punto de encuentro, nuestro taller de juguetes, nuestro parque de aventuras y un lugar donde aprendimos el valor de la amistad. Allí no importaban las diferencias económicas ni los zapatos que llevábamos. Todos compartíamos la misma sombra, las mismas travesuras y aquella extraordinaria libertad que solamente se disfruta durante la infancia. Si aquel álamo pudiera hablar, seguramente contaría innumerables historias de varias generaciones de muchachos michenses.

¡Cuánto daría por regresar unos minutos a aquella época! Por escuchar nuevamente las carcajadas de mis amiguitos, sentir la brisa entre aquellas ramas y oír que alguien me gritara: «¡Robert, sube, que estamos jugando al topao!». Porque existen lugares que nunca desaparecen de nuestra memoria y árboles que, aunque dejemos de treparlos, continúan creciendo dentro de nuestros corazones. Aquella mata de álamo fue testigo de una infancia maravillosa y de una felicidad que no necesitaba dinero. ¡Qué privilegio haber nacido y crecido en Miches, y qué hermoso haber vivido aquellos tiempos que jamás volverán!

Viernes 09 de octubre de 2026
1 y 30 pm.

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