Venezuela: Cuando las palabras no alcanzan

CEPM Energía Solar
OPINIONES

Venezuela: Cuando las palabras no alcanzan

Por CanaldelaMona 02 de julio de 2026 4 min de lectura

Escuchar este artículo

Powered by CanaldelaMona Voice

00:00–:–



Libre-mente

Avatar del Ricardo Nieves

Ricardo Nieves

Las palabras, de ordinario virtuosas, rara vez logran encarar circunstancias como esta. La brutalidad del mundo, fuera de los confines de los signos y las letras, puede aplastarnos sin escuchar clamores ni conceder un ápice de misericordia.

Ante la magnitud de lo trágico, los milagros escasean y, cuando aparecen, multiplican la confianza de los redimidos, pero profundizan la ausencia de quienes desaparecen. Pese a todo, la esperanza resplandece y aletea: luego de 32 horas, en los minutos más languidecientes, una criatura recién nacida fue rescatada de una enorme montaña de escombros.

La desolación se esparce y el desconsuelo ensombrece, no obstante. Bajo su manto de miedo y estupor cabe interrogarnos: Somos, antes que cualquier otra cosa, una especie diminuta, vulnerable en su raíz. Y la Tierra, esa roca verdeazulada y suspendida en la oscuridad, ¿no es también una entidad precaria, acaso desamparada?

Giordano Bruno -en el ocaso del siglo XVI, cuando el Renacimiento declinaba- dedujo que el universo, infinito y sin bordes, tiene su centro en todas partes y su circunferencia en ninguna. Aquella certidumbre, cuyo arrojo lo condujo a la hoguera, abrió el rumbo de una intuición irrefutable: la de un cosmos sin eje privilegiado, sin esferas inmóviles y sin límites prefijados. Cuatro siglos más tarde, la ciencia confirmaría lo que apenas podía vislumbrarse: un universo en expansión perpetua, en movimiento constante.

Así, majestuoso, respira su misterio, y deja al descubierto el abismo irónico de su silueta inabarcable. Por ese horizonte, inconmensurable y perturbador, su anchura descomunal nunca deja de maravillarnos, sorprendernos, atormentarnos.

(Los terremotos, en gran medida, revelan los arcanos movimientos que desnudan la fragilidad de la condición humana y la insignificancia de su estatura cósmica).

Acostumbrado a fisgonear en la “filosofía del desamparo”, -esa espiral que envuelve, de manera casi autoritaria, la dialéctica del presente- trataba de hilvanar y describir su novedosa esfera de excentricidades y, dentro de ella, la muesca irremediable de la absurda egolatría que hoy desborda las fronteras de nuestra civilización, alguna vez tenida por razonable. Sin embargo, el universo -para la ocasión, entiéndase la Tierra-, con sus leyes inmanentes de laberintos oscuros y huecos insondables, me detuvo súbitamente, más por el sobresalto que por la sorpresa.

A las 6: 00 de la tarde del miércoles 24 de junio, una abrupta pulsación del planeta nos jugó una mala pasada, una de esas que se quedan para siempre en la memoria.

Camino a la Universidad Iberoamericana (UNIBE), el curso de la vida se atascó repentinamente. El efecto -idéntico a la rotura de un eje o al golpe inesperado y seco que paraliza- fue inmediato. La notificación digital registró un acontecimiento telúrico inusual: dos terremotos catastróficos, de 7,2 y 7,5 grados, con apenas 39 segundos de diferencia, sacudieron la franja costera central del territorio venezolano, azotando al instante a La Guaira, Caracas, Miranda, Carabobo, Aragua, Falcón, Yaracuy, Zulia, Lara…Invadidos por esa sensación de pérdida y amargura presenciamos miles de familias destrozadas, daños incuantificables y la infraestructura derrumbada.

Hoy se cuentan por cientos los fallecidos, por miles los afectados y heridos, y por decenas de miles los desaparecidos. Nuestro país -como el 12 de enero del 2010, tras un fenómeno similar en Haití- fue el primero en llegar, enviar ayuda y personal de rescate.

Las heridas, hondas como las cicatrices geológicas de las Fallas de Boconó (500 km), San Sebastián y El Pilar (200 KM), donde habita el 80% de la población, permanecen abiertas todavía. Y una estela de quebranto y desesperación nos enluta entrañablemente.

Abrazar a Venezuela ahora recupera, además, la fraternidad de una nación con la que compartimos vínculos profundos y deudas impagables; basadas, pese a las divergencias, en la solidaridad mutua y la reciprocidad histórica.

Desconocemos, con angustiante inexactitud, el balance total del sacudimiento siniestro. América se ha volcado hacia Venezuela; muchos rezan, cooperan y acompañan a su pueblo en esta hora desventurada y adversa.

Rodeada de presagios y una providencial fortuna, República Dominicana debe mirarse en ese espejo tectónico que nos une en el riesgo compartido, el peligro común y la misma fe inquebrantable…

Tu Rifa Max
CEPM Energía Solar
CEPM Energía Solar
ANGEL RAMIREZ TRUCK PART
TANGO MOTORS
Mascarilla para tu pelo
Tu vehiculo
SODOMEDI