Envidia de Leonel Fernández

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Envidia de Leonel Fernández

Por CanaldelaMona 12 de junio de 2026 3 min de lectura

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OTEANDO

Emerson Soriano

En un medio donde destacar o reconocer las cualidades de los demás solo se estima posible a partir de una actitud gregaria o de sumisión, levantar la voz contra los amargados de las virtudes ajenas siempre nos deja por inventario la errónea calificación de lisonjero por encargo. El detractor de oficio, carente de razones nobles para su crítica impía, alza su vuelo de futuro Ícaro -siempre destinado a la precipitación- restando valor a la honradez de nuestras apreciaciones. Pero, como dice mi querido amigo Ricardo Nieves, “contra eso también estamos vacunados”. Quienes tenemos compromiso con la verdad y la objetividad, siempre estaremos preparados para capear al toro de las bajezas. Por tanto, escribo estas líneas con adelantada indiferencia hacia las voces de zumbido sírfido que algo inventarán para obliterar su justo contenido.

Es innegable que las circunstancias mantienen a Leonel Fernández como una figura a la que no se puede preterir a la hora de elaborar estrategias de cara a las próximas elecciones presidenciales. Esa realidad, definida por la historia -cuyas cotas nada tienen que ver con nosotros-, que a nadie pide permiso para hacer su movimiento, dispara de tiempo en tiempo la alarma de los habitantes de “Rechazolandia”, seres condenados a habitar este lugar víctimas del desprecio de sus “iguales” por mor de su patológico resentimiento social. ¿Y cómo se manifiesta la reacción de estos seres extraños? Bueno, desde el siglo pasado Alfred Adler desarrolló el concepto de “mecanismo de compensación”, que no es más que una respuesta natural a los complejos de inferioridad, respuesta generada por el individuo a partir de la exacerbación de otras “cualidades” de las que sí dispone en su precario acervo. Con todo, hay quienes no se auxilian de su propio acervo para hacer tal compensación, ni mucho menos la alcanzan por exacerbación de cualidad alguna. Mas bien, al contrario, recurren al discurso disminuyente de las ventajas y cualidades con las que otros le superan, con la vana ilusión de nivelarse con estos.

En el caso del apóstol incrédulo, Tomás, después de despotricar a la Junta Central Electoral, a todos los presidentes pasados y al actual, y aun al sistema financiero dominicano, sin que nadie, absolutamente nadie, le haya hecho caso, viene a recalar en Leonel Fernández intentando propalar la especie de que éste padece una enfermedad maligna. ¡Vaya forma de intentar reponerse del desprecio generalizado! Y además, de intentar desacreditar el sistema de partidos, pues, para nadie es un secreto que, dentro de este, el susodicho no tiene posibilidad de llegar ni siquiera a alcalde pedáneo, y su delirio es ser alguien. Es verdad que “el quipe no coge cabeza”, porque, a ver, aun si fuera cierta, la dolencia que este “apóstol” le atribuye a Leonel ha pasado de ser sentencia capital al rango de mero forúnculo que, advertida y tratada a tiempo, asegura una vida feliz y productiva dentro del promedio general de esperanza de vida para unos y otros. Y para nuestra un solo botón, Danilo Medina. Además, ya lo dijo una vez George Steiner: “Aun el neonato ya es lo suficientemente viejo como para morir”. Todos estamos en la fila, los ya diagnosticados y los que aún no. “Todos le debemos a la muerte una vida”. Preocúpese usted, santo incrédulo, de prolongar la suya por obra de la sana palabra y no de la peste. No sienta envidia de Leonel, no obtendrá el correlato de su atención, porque él, -seguro- ni se acuerda de que usted existe. Concluyó este artículo deseándole al expresidente Leonel Fernández larga vida y mucha salud. Ah, y con un consejo sano para el “apóstol” incrédulo: ¡Ay Tomás, no sufras más!.

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