Por CanaldelaMona 30 de mayo de 2026 2 min de lectura
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Oteando
Emerson Soriano
En un grupo de Chat denominado “Dajabonero siempre”, en el cual participo, nuestra compueblana, la eternamente bella Isis Rivas, dio a conocer un artículo publicado en “El nuevo Diario”, calzado con la firma del señor Rodomiro Peña, titulado “La emboscada penal: Lo que hoy es costumbre, mañana será cárcel” (Sic). En él se advierte a la ciudadanía acerca de al menos cinco tipos penales nuevos que entrarán en vigor el próximo 03 de agosto de 2026, sugiriendo -implícitamente- que ello impactará sensiblemente la libertad de expresión: los tipos consagrados en los artículos 124; 210; 146; 155 y 186. El asombro del articulista posiblemente sea compartido por muchos dominicanos, sobre todo abogados, que asimismo han criticado la inclusión en la Ley 74-25 -que instituye el Nuevo Código Penal– de más de 40 artículos que contravienen derechos fundamentales y, entre otras cosas, desnaturalizan el fin último de la pena (reeducación y reinserción social del condenado).
Como una de las cosas que más se criticaron de esta nueva ley fue la velocidad que se le imprimió a su conocimiento y aprobación final, por mor de la presión social que se cernía sobre su proyecto, desgastado de tanto ir i venir en los espacios de discusión y deliberación congresuales, la opinión generalizada es que no ha habido falta de socialización de su contenido, sino torpe aceptación de los desaciertos identificables que esta contiene, atribuido, ya a “la disciplina” -obediencia- debida por la bancada mayoritaria a su partido que ya quería soltar esa “papa caliente”, ya a la incapacidad de gran parte de sus componentes para comprender su alcance e interferencia con derechos fundamentales e inalienables. A continuación, les transmito entonces lo que le contesté a mi invaluable amiga:
“Mientras exista el voto preferencial y su hijo, método D’ hondt, mismos que permiten que quien tenga más dinero acceda a los cargos electivos (Senadores, diputados, alcaldes y regidores), podrán representarnos en el Congreso personajes cuyo nivel de instrucción o mentalidad criminal los convierten en indiferentes (por acción u omisión) a lo que pueda perjudicar al pueblo. Necesitamos crear en nosotros, y en los demás, consciencia acerca de a quiénes elegimos; pero, sobre todo acerca del peligro de dejarnos comprar nuestro derecho de elegir. Así evitaríamos que reales analfabetos que dicen, por ejemplo, “tenganos, éranos, vayemo” accedan a un escaño de nuestro Congreso, lugar donde se aprobó el indicado código, según dicen, sin leer su contenido final. Es en ese Congreso donde existen -representándonos hoy- muchas personas que nos consideran verdaderos periecos…”, y agrego, muchos incapaces para legislar.