Por CanaldelaMona 16 de mayo de 2026 2 min de lectura
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OTEANDO
Emerson Soriano
El hombre no puede escaparse de juzgar los actos ajenos. Así, los protagonistas de los hechos históricos están condenados por mucho tiempo al escrutinio de sus acciones. A veces, sin que el juzgador pueda despojarse de la mirada interesada que les imponen no solo su visión del mundo, sino su particular pretensión de reconocimiento o la lucha por la prevalencia de una moral escogida que tiene como estímulo y materia una suerte de psicología evolutiva, en tanto mecanismo para hacer prevalecer una idea y una connotación equis de esta, envolviendo su propósito en una forma de “aprendida inocencia”.
Poniéndome a recaudo de semejante conducta, y sin que nadie quiera pensar que persigo detractar la valencia -tomando prestado un término químico- de las acciones de los hombres que lucharon por el regreso a la constitucionalidad, pues una cosa es esto como causa inspiradora de su accionar, lo cual, en su momento era más que loable, y la otra, es hacerse de la vista gorda en relación con lo que hubiera ocurrido si la dialéctica que hizo, por ejemplo, Caamaño en términos ideológicos, y la propia que mostró Bosch al declararse marxista, si bien no leninista y con su tesis de “Dictadura con respaldo popular”, entre otros elementos, hubiesen devenido con uno cualquiera de ellos ejerciendo el poder político.
Cualquiera que se detenga en lo anterior y, además, recuerde que Elías Wessin y Wessin encabezó un golpe de Estado sin pretensión de alzarse con el poder, sino simplemente para evitar la concreción de sus temores de que prosperara un régimen de izquierda -amén de lo bien fundada o no que se estimara su visión en ese momento- afirmará conmigo que, si bien el bando conservador de Elías Wessin y Wessin pudo haber sido visto como el de “los malos”, también es cierto que, un enfoque objetivo de la cuestión obliga a admitir que Wessin, con posterioridad a los acontecimientos, nunca cambió su simpatía por la visión ideológica que defendió.
Ergo, la “dialéctica” de Caamaño, y la del propio Bosch, solo confirman que los temores de Wessin no fueron infundados y, habida cuenta de que los regímenes de izquierda no han resultado viables -excepciones hechas de China y Vietnan, donde no hay tal socialismo, sino meros capitalismos autoritarios- y hoy el capitalismo impera en la mayor parte del mundo, lo justo será reconocer que abril debería ser una efeméride de lauro compartido, para unos por haber luchado contra la inconstitucionalidad, y para los otros, por su presciencia política y por habernos evitado lo peor.