Sin respeto: la sensibilidad digital

CEPM Energía Solar
OPINIONES

Sin respeto: la sensibilidad digital

Por CanaldelaMona 10 de octubre de 2026 4 min de lectura

Escuchar este artículo

Powered by CanaldelaMona Voice

00:00–:–



LIBRE-MENTE

RICARDO NIEVES

¿De dónde procede esta insensibilización que permea las redes, se cuela en las vidas de las personas y adquiere normalidad social? Byung-Chul Han, en su ensayo más reciente (Sin respeto, 2206), examina algo que parecía inimaginable: hoy, entre vítores y ovaciones, la insensibilidad humana es motivo de homenaje.

No es que, de repente o por virus maligno, la gente se volviera propensa a la maldad. Tampoco se trata de los eternos malvados de la historia; siempre habrá quienes, al margen de las redes sociales, se desvivan por hacer el bien o se inclinen por el mal.

El problema de esta insensibilidad es más complejo. Comprenderlo exige indagaciones filosóficas, averiguaciones psicológicas y estudios neurocientíficos. Aunque posee su propio disfraz –como mecanismo de defensa–, el fenómeno pone de manifiesto una respuesta cerebral: el efecto espectador (digital) y la desensibilización emocional.

Sorteamos las consecuencias de una sociedad hiperconectada, sostienen los expertos, casi a modo de consuelo. La indiferencia ante la monstruosidad penetra tanto en la capa de lo bondadoso como en los corredores de la perversidad. Y en ese revés escasean los filtros humanos que separan el gesto del dolor ajeno de la impudicia del patán.

En el areópago digital, tras la búsqueda de una reputación borrosa, no hay reparos en exhibir, descarnadamente, las entrañas del sufrimiento y el calvario de los demás. Frente a niños y adolescentes se revela su ángulo más agudo: asiduos consumidores de estos contenidos, la abulia y la pasividad van engendrado un organismo pernicioso que pareciera adiestrarlos mejor para resistirse a la afectividad.

¿Qué tan hondo ha calado esa anestesia digital? Encima del acoso y la hostilidad –gradualmente normalizados–, asciende una indiferencia espectacular que, entre guiños, llamamos desensibilización emocional: un proceso adaptativo y amortiguador mediante el cual la exposición repetida a ciertos estímulos perturbadores termina disminuyendo o anulando nuestra respuesta afectiva. De tal suerte que aquello que antes nos conmovía con expresiones de empatía y receptividad ya ni siquiera logra inmutarnos.

Hemos tocado, demasiado profundo, el umbral del piso más bajo de la ceguera emocional: nos habituamos a compartir y amplificar, sin una pizca de responsabilidad moral, la empinada cuesta de la crueldad. El salto se produjo de la empatía bio-psico-social a una insólita apatía narcisista, simuladora y sensorial.

Acaecido un suceso, y sin interés sincero por las víctimas, las antenas automáticas de la insensibilidad estarán siempre dispuestas a repetir y multiplicar. Desde el panóptico digital, la torre de vigilancia permanece alerta y el espectador, convertido ahora en testigo, dispara al azar. Como si la compasión hubiera sufrido un apagón funcional. Nuestro cerebro aprendió a procesar, al mismo tiempo, episodios infortunados y a consentir la maldad no como un daño moral, sino como otro género narrativo del entorno digital.

Presenciamos, por tanto, una conversión de la maldad en contenido y una supresión de la empatía que vulgariza la brutalidad.

Byung-Chul Han responsabiliza al ghosting (la desaparición) de ese desvarío escalofriante, porque neutraliza los sentimientos humanos merced a la competencia narcisista y a la intensidad de una comunicación algorítmica que galardona la exposición hipertrofiante. El respeto –en detrimento de agredidos y violentados– salta hecho girones y rueda junto a la dignidad de los afectados.

Después de atravesar ese áspero tamiz, entre pareceres desmedidos y sentimientos congelados, la intimidad del sujeto desaparece con su caso real. La desconsideración, escribe Han, es síntoma de una cultura donde el otro puede ser visto como un objeto desechable o algún producto de reemplazo.

Si se concediera el premio a la insensatez, sin dudas recaería en aquellos personajes siempre dispuestos a “dar otro giro” y pretender “lo que nadie se atrevió a presentar” …

Por siniestro o desgarrador que haya sido un trauma, para los inquilinos de las emociones petrificadas cada historia tendrá más de un final. Detrás de su desván inquisitorio, a puro deleite o tuerta voluntad, reinventarán los elementos que alteren el relato, mientras los agraviados volverán a ser lapidados sin piedad.

Sueltas las anclas en el océano de las redes sociales, la turba digital se encargará de hundir o rescatar los retazos sobrantes de la dignidad…

Max
CEPM Energía Solar
CEPM Energía Solar
Max
ANGEL RAMIREZ TRUCK PART
TANGO MOTORS
Mascarilla para tu pelo
Tu vehiculo
SODOMEDI