Stalin y Khrushchev: la leyenda de los tres sobres
Por CanaldelaMona 22 de mayo de 2026 2 min de lectura
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Lo que no te cuentan
Rafael L. Olivo
Cuenta la leyenda que Joseph Stalin llamó a Nikita Khrushchev a su despacho y le entregó tres sobre sellados, dichos sobres estaban preparados para ser abiertos en cierto orden que debía ser respetado.
Las instrucciones eran simples: “abre el primero inmediatamente luego de mi muerte, el segundo cuando las cosas comiencen a ir mal, y el tercero cuando las cosas comiencen a ir extremadamente mal”.
Así lo hizo Khrushchev, e inmediatamente luego de la muerte de Stalin en el 1953, abrió el primero, y éste decía: «Debes tomar el poder”.
Ni tonto ni perezoso, como no había un sucesor declarado, como tampoco era claro el método de elección del mismo, no siendo la Unión Soviética famosa precisamente por sus métodos democráticos de elecciones libres, Khrushchev, apoyado por la convicción que encontró en esas palabras legadas a él por Stalin, maniobró frente a Georgy Malenkov y Lavrentiv Beria para hacerse con el poder, logrando poco a poco sus objetivos.
Luego de unos años, ya por el 1956, las cosas comenzaron a descarrilarse bajo su mandato, lo que llevó a Khrushchev a abrir el segundo sobre, en este decía: “Échame la culpa a mí y haz reformas”
Khrushchev dio un salto al leerlo, pero fue fiel a su antiguo líder y, producto de este mandato, preparó el discurso titulado: “Sobre el culto a la personalidad y sus consecuencias”. En el cual acusaba a Stalin de todo lo que pudo, al tiempo que impulsó una serie de reformas, comenzando por la “desestalinización” de la Unión Soviética.
Años después, luego de la famosa “Crisis de los Misiles del 1962”, las cosas comenzaron a ir realmente mal y, aunque el pueblo se mantenía en relativa calma, había un ambiente tenso, cargado conspiraciones por todos lados, como una olla de presión a punto de estallar, lo cual era muy peligroso. Es cuando Khrushchev se decide a abrir el tercer sobre, en el mismo lee: “Prepara tres sobres y busca a otro idiota para entregárselos”
Esta es una anécdota que se cuenta, a menudo, a modo de chiste entre políticos y e intelectuales, de la cual no hay evidencia histórica, sin embargo, es curioso que los hechos se repitan una y otra vez en los círculos de poder de cada país, sean estos democráticos o no.