Luis Abinader como víctima del escepticismo público

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Luis Abinader como víctima del escepticismo público

Por CanaldelaMona 05 de mayo de 2026 5 min de lectura
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Emerson Soriano

Al presidente Luis Abinader, y a los últimos tres que le precedieron, les ha tocado gobernar en una época en que la población ha visto sensiblemente disminuida su confianza en la política y en lo político: los ciudadanos comportan un escepticismo generalizado muy cercano al nihilismo de la “crisis histórica” abordada por Nietzsche -tanto el pasivo (resignación y pérdida de voluntad) como el activo (destrucción de valores antiguos para crear nuevos, pues una cosa lleva a la otra-, que tiene su génesis en la indiferencia de los actores políticos ante las expectativas de cambio (movilidad social y sensación de bienestar resumidos en el concepto de felicidad como bien supremo), y más aun, en la propia actitud depredadora de una clase política digna sucesora de asaltantes de camino público, con sus honrosas excepciones.

Esta conducta, respecto de la cual muchos dudan incluso que no haya sido estimulada por los mencionados presidentes, ya por su acción, ya por omisión propia, como es natural, dificulta que se haga excepción del presidente actual. Y, si bien, la hacienda personal no resulta garantía de probidad, una de las razones que tientan a pensar diferente es que no debería tener necesidad de ello, porque llegó rico al poder. Soy de los que se ha mantenido asido a esta hipótesis que me ha costado más de una burla y rechazo. Sigo enarbolándola sin ningún ánimo capcioso y fuera de toda lisonja, además, por su ascendencia moral familiar. A él le tocará desmentirme con sus acciones, y a la historia juzgarlo, pues es difícil auditar la conducta de un presidente mientras ejerce el cargo, y no es sino al concluir su mandato cuando empiezan a aparecer las brechas que el poder mantiene cerradas para impedir hacerlo.

Al abordar el tema de la posible concesión del permiso para la explotación del oro en Romero, San Juan de la Maguana, pedí al presidente que cerrara el paso a los políticos salteadores que negocian este tipo de inversiones terminando concernidos en ellas, ya a través a cuotas sociales o participación accionaria testaferradas, ya por efecto del cobro de cuantiosas sumas de dinero que les resuelven el resto de sus vidas, observando después total indiferencia al manejo irresponsable de dichas explotaciones mineras. Y, aparte de pedirle eso al presidente -al margen de que usted lo considere verdad o no-, volví a declarar mi seguridad de que, si hay tales negocios, el presidente no participa ni participaría en ellos.

La acción de ayer, mediante la cual el presidente detuvo todas las actividades de exploración en esa área en atención, según dijo, a la voz de la sociedad, me da la razón y tiene implícitamente -también- la ventaja de haber frenado los aludidos salteadores políticos, y más todavía, a los empresarios corruptos de aparejada conducta que creen que la paciencia del pueblo nunca se agotará. Y no es que esté yo en contra de la minería per se, sino en contra de la minería con el modelo que hasta ahora ha primado: ¡nadie entra, ni siquiera el Gobierno, a las áreas donde las mineras realizan sus labores, son sus feudos! Ergo, hacen lo que les viene en gana. Lo felicito, señor presidente, no por no haberme defraudado a mí (simple mortal) en mi petición y afirmación sobre su persona, sino por haber actuado en protección de los sagrados intereses de esa región y del país. Pero, falta más, señor presidente, quienes le admiramos esperamos que no sea usted reactivo, sino proactivo. Los Rotarios solían decir que: “Hay dos clases de hombre que no progresan, los que no hacen lo que se les dice y los que solo hacen lo que se les dice”. Estoy en el grupo de los que pregona que usted tiene la voluntad para hacer más. Aproveche su mayoría congresual para modificar la Ley Electoral y defenestrar el voto preferencial y el odioso método D’ Hondt que han permitido el acceso al Congreso de una parte de legisladores no solo incapaces, sino narcotraficantes y corruptos, postulados por la mayoría de los partidos. Aproveche su mayoría legislativa para someter un anteproyecto de ley de acceso a la política que permita apartar la cizaña del trigo.

Aproveche, señor presidente, su mayoría congresual para obliterar en su totalidad la azarosa Ley 87-01 de la “Seguridad Social”. Aproveche su mayoría congresual para comenzar, al menos, la masificación del transporte y liberarnos de las bandas empresariales disfrazadas de “sindicalistas”, repleta de las peores lacras humanas y matones. Aproveche, en fin, su mayoría congresual para devolverle a este pueblo la confianza perdida en la política y en lo político por causa de muchos políticos del pasado y del presente. Conjure el maleficio de la apatía y la indiferencia, conjure la busconería política de funcionarios del presente y del pasado, tanto de otros gobiernos como del suyo propio -si los encuentra-, que no sacian su sed de dinero. Váyase del poder coronado de gloria, como sinceramente le deseo y aspiro. Propago a los cuatro vientos su honradez política, no me deje quedar mal. ¡No se quede atrapado, víctima escepticismo público imperante!.

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