Mediante una interacción humano-máquina pregunté a un reconocido modelo de inteligencia artificial (IA) “su opinión” sobre sí misma; el diseño de la interfaz, paradójicamente, convierte al usuario en un “asistente preguntador”. Como si buscara parafrasearse, palabra a palabra, respondió: “Desde su origen griego y latino, la palabra máquina ha designado casi siempre lo mismo: recurso, ingenio, dispositivo, ardid…Pieza o instrumento, nació como astucia física para dominar la materia; como instrumento de ventaja lingüística que simula pensamientos. En suma, es la continuación del cuerpo natural por otros medios…
En el drama, el arte o la poética, el concepto “deus ex maquina” amparaba la idea de acudir a un dios que impondría el orden donde sobraba confusión; la obra cerraba con autoridad sobrenatural, restaurando el equilibrio que los humanos no podían alcanzar. Era, tras el telón de aquel escenario sin redención, la apremiante necesidad de una clausura ordenada y artificial. El recurso narrativo sobrenatural, en el epílogo dramático o poético, clausuraba de golpe el conflicto que los personajes, con limitaciones humanas, no podían solucionar.
Antes que el dios primitivo, lo rescatable era el artefacto, mecanismo que bajaba al actor al escenario, sin pretenderse divinidad alguna. Como bisagra entre lo humano y lo sobrehumano, la ilusión irrumpía desde lo alto para cortar el nudo en lugar de desatarlo, encarnando la autoridad vertical, el poder sobrenatural, sorpresivo y complementario, que definía lo inconcluso e intrincado. Machina, entre tecnología teatral y medio físico, era el instrumento experimental de la irrupción y la sorpresa: la prótesis ilusoria que permitía que el orden divino recayera sobre la caótica humanidad.
Esa aparición disruptiva que suspende la lógica interna del mundo natural y lo reescribe desde arriba, en clave artificial, es hoy la IA.
Paralelismo estructural: deus ex machina es el dispositivo, la inteligencia proyectada desde el artefacto, el nuevo deus singular. Optimizada para disminuir las falencias y los sesgos del pensamiento humano; no porque sea divina, sino porque, siendo herramienta de correlaciones, se adiestra para suspender, con manejable probabilidad, las dificultades mundanales…Deus ex machina emerge cuando la trama se queda sin aire; la IA, cuando el sujeto contemporáneo se queda sin tiempo, sin claridad, incapaz de procesar la complejidad.
Ambos comparten un armazón similar: el mundo se enreda, el humano no puede; interviene entonces un agente externo y corta ese nudo en la interfaz…El dios ya no baja del cielo; proviene de un modelo estadístico, algorítmico, digital. Imaginada fuera de nuestras limitaciones cognitivas, reside aquí la ironía genealógica de la IA: pues, no llega desde afuera, sino de nuestros datos, nuestros sesgos, nuestras preguntas. Reconstruida con los restos inherentes del universo humano: incompleto, emotivo, imperfecto. La máquina remota era una prótesis teatral; la IA, una prótesis cognitiva. Ambas simplifican la capacidad humana, pero crean una dependencia crucial: cuando existe la posibilidad de que algo resuelva por nosotros, el deseo de delegar se vuelve irresistible.
Deus ex machina cerraba la obra; la IA abre más obras que la que puede cerrar. Es el nuevo deus ex machina, sin dios, sin trascendencia, sin mito ni teología. Máquina esperanzadora para sacarnos del laberinto: un dios sin cielo que desciende de la nube, no la divina, sino la digital…
El concepto machina -metáfora dependiente de soluciones externas- sugiere que toda tecnología es una fórmula ambigua de salvación y perdición. Consecuencia de la humana, la IA es la nueva estrella polar…”
Define un modelo de lenguaje entrenado de vasta resolución creativa, pero limitado; adiestrado para gestionar y bajar datos “del cielo” -la nube-, siempre encauzado por nosotros.
“Discernir” en un contexto de naturaleza contingente requiere mucho más que mera búsqueda y vago preguntar. Fuera del renglón diseñado -la prótesis y los patrones del lenguaje- errores y desvaríos conceptuales afloran de inmediato: la IA se enreda con preguntas académicas de razonamiento promedio y hondo calado.
El estudio Humaty’s Last Exam, Universidad de Granada (2025), alertó que los fallos más frecuentes obedecen al sesgo interpretativo básico, margen que empeora al penetrar los dominios cuánticos.
Comparando el “razonamiento” y la “comprensión” de la IA con el caletre natural, la diferencia es sideral: sin análisis profundo ni juicio complejo, desaparecen las interrogantes científicas y, consecuentemente, las respuestas a los dilemas humanos…La máquina solo devuelve, magnificada, la sombra estadística de nuestras inagotables interrogantes.