La fábrica global de la ansiedad

A Domingo Páez y Héctor Guerrero Heredia.

CEPM Energía Solar
Libre-mente
Avatar del Ricardo Nieves
 Ricardo Nieves

Resistir la carga de la inmediatez es una batalla interior que, por de sus efectos directos sobre la psiquis, la corroe silenciosamente. Observar, sin condicionamientos ni prejuicios, el comportamiento de niños y adolescentes deja entrever la señal inquietante de una insatisfacción persistente. Naufragamos entre dos mundos paralelos e interconectados: el micromundo íntimo y el vasto ciberespacio.

Esa travesía creativa de libertad es turbulenta y, a la vez, tentadora. Su primera impresión, halagüeña y seductora, ofrece la ilusión de una independencia y motivación ilimitadas. Extraña liberación que, muchas veces, se vuelca en aislamiento y soledad.

En oposición a ese sentimiento umbrío, el cibermundo nos inunda de un vigor extravagante y de un impulso irresistible de exhibición. Nada queda a salvo de ser revelado, ni siquiera el recinto callado del yo. Quien no ha sido visto y bautizado con el sacramento de un like, siente haber desaparecido del mundo exterior. Las pantallas y su scrolling anestesiante han erosionado el pensamiento pausado y borrado los límites de toda discreción.

Para mayor reforzamiento y presión, nos asalta un agente presuntuoso y extraordinario: la inteligencia artificial (IA). Mecanismo superinteligente que aspira a fusionar el cerebro con procesadores sofisticados, capaces de rebasar la índole de lo humano. El miedo, empero no está en la IA, sino -como dijera Edgar Morín- en “el terror a la inteligencia humana superficial.” Dado que esta, manipulable y farragosa, constituye el instrumento menos predecible y más peligroso.

En efecto, la crisis del pensamiento actual radica en su extendida superficialidad: la pérdida del rigor ante la complejidad y ante el sentido diáfano de la autenticidad existencial. O sea, en el arte de vivir una vida propia con el menor lastre mental. Ello explica, razonablemente, las causas del regresionismo delirante que hoy se enseñorea con las diademas del fanatismo embaucador y del populismo galopante.

Morín advierte que la tiranía del cálculo, unida a la indiferencia por lo profundamente humano, impiden jerarquizar nuestras prioridades vitales. Pues, donde todo está técnicamente simplificado, profundizar es un estorbo residual, innecesario.

La ansiedad, como tal, ebulle de la saturación y los reproches del cansancio; de batallar contra el tiempo y la caída aluvional del espíritu humano. Porque el tiempo, monasterio del mercado, nos obliga a producir y consumir por descontado. Entre la estabilidad y el caos, deviene la fricción que estalla en la entrada del pasillo largo y ondulado que se abre en el ciberespacio.

Cuando el oficio de pensar está maniatado al aprovechamiento productivo antes que a la plenitud, la vida deriva en objeto exclusivo de utilidad para el rendimiento. Y el éxito, medido por “resultados exhibidos”, se reduce a mera sobrevivencia y marca social, cuyo escaparate apropiado es el branding digital.

La ansiedad es el pronunciamiento de un orden de expectativas que, producto de la saturación y la urgencia, llega desde afuera y agrede nuestro interior.

A contracorriente de lo pregonado, no hablamos de epidemia, sino de algo peor: el prototipo de una existencia subordinada que hemos tolerado con febril obcecación. Además de la incubadora biológica y los retortijones de la sociedad posmoderna, innumerables desilusiones provienen de esa necesidad de aparentar ser útil a toda costa.

En el desencuentro asolador entre pensamiento orgánico y vida auténtica, se descarrila el tren psicosocial, desencadenando aislamiento, fatiga física y tedio mental.

Nuestro mundo cambia a tal velocidad que el cerebro, en proporción, no alcanza a procesar…La carga posmoderna, inyectada por el afán desmedido de triunfar, es sarcástica y abrumadora. Alentada por el miedo de una coexistencia diluida y veloz, la inseguridad engendra incertidumbre, y la ausencia de respuesta nos expone a la fragilidad espiritual y al caos interior.

Cuando las conexiones virtuales igualan o sustituyen los gestos personales (abrazos, apretones, sonrisas, miradas…con milenios de evolución) la proximidad humana hace aguas. Hemos perdido o desmantelado refugios psicológicos comunes que nos costaron siglos levantar. Espacios que sirvieron de paraguas a la inestabilidad, al temor, la adversidad.

La incertidumbre nos deja a la intemperie de lo absurdo y frente al espasmo de lo aleatorio. Nuestra fe no consiste en imaginar una generosidad que el pasado nunca tuvo, sino en contener la deshumanización del presente, cuyos síntomas inmediatos pronostican la mayor producción de ansiedad global…


CEPM Energía Solar
CEPM Energía Solar
ANGEL RAMIREZ TRUCK PART
TANGO MOTORS
SODOMEDI