OTEANDO

Emerson Soriano
No quiero dañar mi prosa, no quiero agregarle un ápice de valor estético a expensas de algoritmos intrusos que concurren como marabunta salvaje, a destruir con su razia la poca música que mi espíritu apenas si alcanza a insuflarle con mi ya perturbada -y acaso cada vez más infrecuente- capacidad de asombro, esa capacidad de descubrir <<el secreto evidente>> goethiano que me permite ser yo en (y con) mi entorno natural o social, fuente de mi genuina inspiración.
No quiero ver escurrirse por la cocuyera de una -aún <<inestrenada>>- pereza intelectual la divina molécula de mi auténtica creatividad. Porque hace tiempo aprendí que <<es más difícil aparentar ser algo que serlo realmente>>. Y no tanto por los aprietos a los que puede uno verse expuesto a la hora de tener que dejar ver, en el mundo de lo real, lo que en verdad se es como por la frustración interior que ha de comportarse ante la desarmonía entre lo que aparentamos y aquello que presumimos ser. Y, en esencia, porque escribo, más que por provocar el sentido estético ajeno, por experimentar el mío propio, ese rapto extático que me produce lo armoniosamente concebido.
Así que, no está presente en mis afanes humanos la idea de trascender o ser reconocido por lo <<apócrifo>> o postizo. Porque mis pasos se orientan -cada vez más- hacia ese espacio habitado solo por los que lograron, con mayor éxito, casi domesticar, la humana vanidad que nos impide ser; los que, resueltos, se autoauscultan permanentemente para encontrarse con los raros motivos justificantes de la paz que provee la verdadera felicidad, si alguna.
Por eso, renuncio anticipadamente al uso te las nuevas técnicas “auxiliares” de la escritura trascendente. Me escapo por mi propia voluntad de la granja maquinal que, a fuerza de su insistente persecución, amenaza lo límpido de mi escaso ingenio hacia la estepa abierta de mis felices -o infelices- ocurrencias. Y, un poco tomando prestado el término a ciertos fieles, no le venderé mi alma a los demonios de la inteligencia artificial. No dejaré que crezca sobre el bronce de mi capacidad creativa la pátina que impida ver el auténtico brillo de mi modesta imaginación, pero tampoco pretendo impedir que <<los muertos entierren a sus muertos>>, solo me pongo a recaudo. <<La salvación es personal>>.