• Por Ariel Frías

Que fácil se escucha:

Abrazar siempre tu belleza, que sencilla se hace la excelsa providencia.

Que fácil es tocar tu hermosa mirada, que vendimia de besos cuando todo es gracia.

Que felicidad son los momentos donde todo es de acuerdo a los deseos, que inimaginable encuentro con el sufrimiento.

Que fácil es querer cuando tu espíritu carece de tormento, cuando brindas luz y eres tú propio espejo.

La incongruencia de algunos besos, lo impuro que se transcribe como afecto, el que todos te quieran cuando pasas por tus mas bellas emociones de invierno.

Nadie se queda cuando estas a solas en tu silencio, nadie pertenece a los puñales de desencuentro con tu propio cerebro.

Nadie toca tus miedos cuando eres un fragmento repleto de vehemente descontento.

¿Por qué te alejas cuando mas necesito de tus miedos?

¿Por qué me dejas cuando mas quiero tu silencio acompañando mi aposento?

¿Por qué?

Estoy pagando las estrecheces de una vida agnóstica a los sentimientos.

Estoy luchando mi propia cruzada en un desierto como isla y que sus orillas la besan el mar muerto.

Vivo en el exilio que muchos poetas han soñado, vivo en un laberinto de un sosiego que hiere y desgarra todos mis quebrantos.

Que fácil es decir te amo,

que fácil es aparecer y querer curar con dos palabras… dos semanas de desgarro.

Que fácil es llegar en el momento preciado, en el exquisito instante de un día en ruina.

En el momento que el amor no es el motor, sino el descontrol a algunas hojas marchitas.

Que fácil es decir te amo.

Que fácil es aparecer y querer llenar tu ausencia, la cual antes era paciencia, la cual antes era serena.

No se ayuda con palabras, cuando eres un alma que necesita que el tacto sea el único aliado…  a los vestigios de la belleza que en las primeras líneas existió.


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