WILLEN DAFOE : YO NUNCA LLEVO MI CELULAR CUANDO ESTOY CON ALGUIEN…

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Willem Dafoe (Appleton, Wisconsin, 1955) tiene un “aspecto singular” el actor exhibe un look de viejo roquero: leggins negros con rodillera estriada, camiseta de algodón gris envejecido, camisa negra y botas moteras. “Nunca me verás con una gorra de béisbol o con una camiseta con mensaje”. Es su regla inquebrantable y su único posicionamiento ideológico con respecto a las prendas de vestir. He aqui algunas preguntas :

¿Qué llevó en su primera alfombra roja? Un traje negro, creo.

¿Elige usted su propia ropa? La verdad es que no voy de compras, no me gusta. Casi siempre elijo por comodidad. Y también confío en el criterio de mi mujer [Giada Colagrande], que es italiana y tiene muy buen gusto.

Su primera película… La puerta del cielo [1980], de Michael Cimino.

“En el teatro se debatía sobre arte, literatura, filosofía o interpretación. En mis primeros rodajes en Hollywood comprobé sorprendido que no se conversaba sobre nada de eso. Hablaban de sus casas, sus coches, sus yates”
Y, con los años.

¿Se vio a usted mismo hablando de casas, coches y yates? Sí, quizá alguna vez [ahoga una risa y echa la cabeza hacia atrás]. Pero no demasiadas.

Para escoger papeles “no hay estrategia”, advierte. “Elijo los proyectos sin pensar en el desarrollo de una carrera como actor, sino por los personajes. Y por los directores”. Robert Eggers, el de El faro, atrapó a Dafoe desde el primer minuto de su anterior película, La bruja: una leyenda de Nueva Inglaterra (2015). “Construye universos que te envuelven, en los que eres capaz de introducirte de verdad. Me gusta ayudar a los artistas a crear su obra. Yo no soy más que su criatura. Ellos me llevan a sitios donde no llegaría yo solo”. En el caso de esta cinta, le ha trasladado a un lugar oscuro e introspectivo, en los pliegues del ser humano. Es quizá lo más parecido a una obra de teatro que ha hecho Dafoe en la gran pantalla. Robert Pattinson y él comparten una escenografía que se limita al interior y el exterior de un faro expuesto a la violencia del océano en invierno. También profundas conversaciones, regadas con botellas de whisky, en un erudito inglés antiguo. Para ello, no ha requerido tanto una preparación psicológica como verbal: “El lenguaje ha ayudado a articular las interacciones con Pattinson, algo que no se hubiese logrado con un uso más prosaico de la palabra”.

‘El Faro’
Willem Dafoe, casi irreconocible, junto a su compañero de reparto Robert Pattinson en ‘El Faro’.
De su papel en Huérfanos de Brooklyn, en cambio, no habla, y se lo agradecerán los amantes del misterio. Su personaje es clave para resolver la incógnita de este thriller de detectives adaptado al cine de la novela homónima de Jonathan Lethem, y ambientado en los años cincuenta. Dafoe no descansa. A sus 64 años, tiene otros dos títulos preparados para su estreno, dos más en postproducción y cuatro en preproducción. “Es la vida que he elegido. Mi mujer es directora, y este trabajo es a lo que nos gusta dedicar el tiempo”. Y cuando no está rodando se recluye en su guarida romana.

¿Me recomienda un restaurante para cenar? En mi casa. Es donde mejor se come en Roma, por eso no conozco muchos restaurantes en la ciudad. Mi favorito está justo debajo de donde vivo, pero estos días está cerrado.

Es usted el penúltimo de ocho hermanos. ¿Recibió mucha atención? Antes, no había pensado demasiado de qué manera mi posición dentro de la familia pudo influir en mi personalidad. Pero ahora, con 64 años, creo que es un aspecto decisivo. No recibí la misma atención que mis hermanos mayores.

“Cuando el público te conoce se forma una opinión sobre ti, les caes bien o mal, y eso dificulta mi trabajo como actor. Es mejor guardar la distancia para que tus personajes sean siempre creíbles”
Dafoe tiene fama de ser impenetrable. Posee la habilidad de crear un ambiente amistoso y envolverlo todo de cercanía, hasta que reparas en que estás hablando con un auténtico desconocido. Pero, en realidad, el actor no quiere que sepan quién es o qué piensa. “Cuando el público te conoce se forma una opinión sobre ti, les caes bien o mal, y eso dificulta mi trabajo como actor”, dice. “Es mejor guardar la distancia para que tus personajes sean siempre creíbles y el espectador no acuda al cine con prejuicios, o deje de acudir precisamente por ellos”. Muy bien, pero ¿qué opina del mundo? ¿Le da miedo Donald Trump? ¿Cuáles son los problemas que más le preocupan? Dafoe mira el móvil que graba la conversación y descansa sobre la mesa. “La adicción a la tecnología”, responde por fin.

¿No es útil? Muchas veces no lo es tanto como creemos. Yo nunca llevo mi teléfono cuando estoy con alguien. Hay personas que están con todo el mundo menos con quien se encuentran en ese momento. Solo que esas personas con las que hablan a través del móvil tampoco están. Las nuevas tecnologías nos hacen estar mucho más solos.

También pretenden poner fin a esta soledad que han creado. Pienso, por ejemplo, en las aplicaciones de citas. Desde luego. Y generan además una sensación de falsa libertad. Confiamos a la tecnología casi cualquier aspecto de nuestra vida: pedir comida, conocer gente nueva, encontrar el nombre de algo que habíamos olvidado…

Dicho esto, entra en escena la encargada de producción con un móvil en la mano y se lo tiende al actor. El siglo XXI regresa a esta suite de estilo imperio en clave contemporánea, en la que hasta los relojes han sido desahuciados. Ha llegado la hora. Willem Dafoe se coloca los auriculares inalámbricos en los oídos, y se despeina con las dos manos mientras suena el tono de la llamada.


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